Una tercera disrupción modifica el contexto en la Transformación Digital


En abril de 2021 publiqué en la revista” Entorno Economistes”, editada por el COEV, un artículo titulado “La doble disrupción acelera la Transformación Digital del siglo XXI”. Tomé el concepto “doble disrupción” del documento “The future of Jobs Report 2020”, publicado por el World Economic Forum (WEF), en el cual se hacía referencia a los efectos que tuvo la coincidencia de la disrupción tecnológica con la disrupción originada por el COVID-19 y su influencia sobre la Transformación Digital (TD), transformación ocasionada por la racionalización del trabajo cognitivo y la difusión de la Inteligencia Artificial, tanto en la industria (automatización y robótica inteligente) como en los servicios (plataformas). The Second Machine Age (Brynjolffson, E. y McAfee, A. 2014.).

Tanto el documento del WEF como el libro Brynholffson citados, analizaban los efectos de ambas disrupciones desde una perspectiva tecnológica, visualizando su efecto sobre la productividad, el empleo y la velocidad de adopción de las nuevas soluciones, pero sin considerar el posible impacto que pudieran tener sobre el contexto político y social y sobre la economía internacional, más allá del proceso de “deslocalización/relocalización”, que se observaba en algunas industrias.

Los trabajos publicados por el profesor Jeremy Rifkin (2011, 2014), en los que, entre otras cosas, identificaba los que llamo “los pilares de la Tercera Revolución Industrial”, a saber: mayor empleo de energías renovables, construcción de edificios que produzcan su propia energía y transición del uso del hidrógeno como elemento de almacenaje energético, así como una segunda lectura del informe Working on the robot society, publicado en 2015 por el Rathenau Insituut (The Hage, Netherlands), que ofrece una interesante síntesis de la visión de Brynjolfsson, Rifkin y Lipsey, en la que identifican cada una de las revoluciones industriales a través de tres rasgos diferenciales: las fuentes de energía predominantes, las comunicaciones y el concepto de movilidad, poniendo especial énfasis en el impacto que históricamente ha tenido la innovación tecnológica sobre la economía y la sociedad, me llevaron a incorporar a las dos disrupciones, que inicialmente había considerado, una tercera, que supondría incorporar los cambios que se estaban produciendo en el contexto, consecuencia de las nuevas fuentes de energía.

Rifkin caracteriza el uso de las fuentes de energía predominantes en cada una de las revoluciones industriales como un factor esencial; así: en la Primera Revolución Industrial (1784-1870) las fuentes de energía fueron el carbón y el vapor, con la Segunda Revolución Industrial (1870-1969), el carbón es desplazado por la utilización generalizada del petróleo, el gas y la electricidad, esta última generada de forma centralizada y en la Tercera Revolución Industrial (desde 1969-2010) las energías sostenibles, en ocasiones obtenidas de forma descentralizada, son utilizadas simultáneamente con las anteriores fuentes de energía.

Quiero destacar que es en la Cuarta Revolución Industrial, iniciada prácticamente con el siglo XXI, cuando se va imponiendo el uso generalizado de las energías sostenibles, consecuencia de la preocupación por la amenaza que pueden suponer las emisiones de CO2 sobre el cambio climático, la tecnología disponible, que permite la obtención de energías verdes, y de la creciente e indeseada dependencia de los países de fuentes de energía externas a su territorio. Todas estas modificaciones en el orden económico mundial llegan a ser fuente de conflictos entre los países, originando importantes cambios en las relaciones económicas internacionales.

Condiciones de contexto que sin duda han influido e influirán en un futuro sobre el proceso de TD, en la medida en la que la geopolítica energética configura el ámbito en el que tiene lugar la implementación de los cambios  que esta lleva asociados, constituyendo una tercera disrupción, coincidente con las otras dos ya identificadas que, al menos a mi juicio, resulta imprescindible considerar, en la medida en que, como ha sucedido en anteriores ocasiones, el aprovechamiento de diferentes fuentes de energía ha dado lugar en el pasado, y sin duda lo está dando en el momento actual, a cambios importantes en la velocidad de implementación de las nuevas tecnologías, produciéndose profundas transformaciones en el equilibrio geopolítico y el papel que cada país juega en la economía mundial.

Qué duda cabe que estos cambios han supuesto a lo largo de la historia el desplazamiento de los centros de poder, consecuencia del origen de las fuentes de energía predominantes, tal y como se puede leer en el libro publicado por la profesora de Economía Política de la Universidad de Cambridge Helen Thompson (abril de 2022), que lleva por título Disorder: Hard Times in the 21st Century, en el que la profesora Thompson se centra en la situación actual (siglo XXI), considerando como necesario punto de partida lo sucedido previamente durante el siglo XX, ofreciéndonos un análisis muy acertado de los cambios inducidos, en lo que se refiere a geopolítica, economía y política democrática, como resultado del cambio de las fuentes de energía predominantes en cada momento.

En este mismo orden de cosas el conflicto bélico entre Rusia y Ucrania ha puesto en evidencia la dependencia de muchos países de la Unión Europea de sus proveedores habituales de recursos energéticos, lo que ha dado lugar a que, en la Cumbre de la OTAN celebrada en Madrid a finales de mayo de 2022, se haya acordado incluir las redes energéticas dentro del nuevo texto de su documento de estrategia.

Concluiré citando las manifestaciones de la Sra. Thomson, en entrevista concedida a la publicación “Le Grand Continent” (5 de abril de 2022), en las que anticipaba los posibles cambios asociados al predominio de las energías verdes, origen de nuevas dependencias, en la medida en que las materias primas necesarias para la obtención de estas energías, tierras y minerales de las que China puede llegar a ser uno de los principales proveedores mundiales, no solamente por las reserva de que dispone, sino también por ocupar una posición dominante en las cadenas de extracción, producción y suministro de estos metales, lo que originará otro cambio en la dependencia externa consecuencia del abandono de los combustibles fósiles.

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Autor: José Luis Miñana Terol, Doctor en Administración y Dirección de Empresas.
Colegiado 4.421 del COEV y Miembro de ReDigital

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